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29 de enero de 2011

La revolución árabe ha comenzado


PO 1163 20/1/2011 Internacionales

Declaración del DIP (Iniciativa por un Partido Revolucionario de los Trabajadores de Turquía) acerca de los acontecimientos en Túnez

1. El DIP saluda con gran alegría y respeto la heroica lucha de los trabajadores y desocupados tunecinos, los que enfrentaron las balas policiales para finalmente derrocar a Zine-el-Abidin Ben Ali, quien sometió al país a una brutal dictadura durante 23 años. Lo que está teniendo lugar en Túnez es una revolución política. Sólo el tiempo dirá si esta revolución se transformará en una revolución social que desafíe la dominación burguesa. Dado el hecho de que incluso el movimiento sindical no constituye una fuerza independiente en Túnez -no digamos socialista-, y que el imperialismo ahora entrará en escena para frenar la revolución, pareciera que esto es improbable. Pero, por otra parte, está el hecho que la clase trabajadora en Túnez -viejos y jóvenes, hombres y mujeres- han comenzado a armarse por sí mismos, aunque sea nada más que con palos, con el objeto de proteger sus barrios y establecer comités de autodefensa, lo cual puede ser considerado como núcleos de poder de los trabajadores en un estadio primitivo. En cualquier caso, el apoyo a la clase trabajadora tunecina y a la juventud -para proteger su insurrección de las fuerzas que tratan de dejarla a mitad de camino- es una obligación de toda la clase obrera internacional y del movimiento revolucionario mundial. La tarea más importante del momento es luchar contra el freno de la revolución por parte de los pro-UE de la "democracia" globalizadora, en manos de la burguesía y sus aliados. Dado que esta clase de régimen no va de ninguna manera a erradicar o incluso aliviar la pobreza de los trabajadores y la juventud desocupada de Túnez, no habría valido la pena la inmolación del gran mártir de la revolución, Mohammed Bouazizi, o bien la muerte de más de 100 trabajadores durante los incidentes.

4 de septiembre de 2010

RETIRADA YANQUI DE IRAK

PO 1144 2/9/2010 Internacionales

Ni regreso ni gloria

El anuncio del presidente Barack Obama sobre el fin de las operaciones en Irak a partir del 31 de agosto de 2010 revela el impasse político y militar del imperialismo. Es sólo una manera de ganar tiempo: de los 144.000 soldados que permanecían en el territorio, 50.000, entre ellos el núcleo más entrenado de la guerra, permanecen en Irak, en principio hasta 2011, con la tarea de adiestrar a las fuerzas de seguridad del país. El resto de las tropas “retiradas”, no por casualidad, están acantonadas en Kuwait, en la frontera de Irak.

Obama se presenta a sí mismo, con esta acción, como un hombre de palabra, con la mirada puesta en las elecciones legislativas de noviembre. Su mensaje, en la campaña electoral que lo llevó a la presidencia, consistió en distinguir entre guerras “buenas” –contra Al Qaeda y los talibán– y “malas” o “tontas”, como la de Irak. El primer presidente negro vino a relevar una gestión que había fracasado en todos los terrenos, la de Bush (h), y su tarea era defender los mismos intereses sociales, políticos e históricos que su antecesor, buscándoles una salida con métodos democratizantes. Casi dos años después, lo que en su origen era una perspectiva hoy es un atascamiento en todos los frentes.
Estados Unidos “deja” Irak luego de una masacre social, en la que han muerto 150.000 iraquíes y casi 5.000 soldados norteamericanos y aliados. La mitad de la población está desocupada y la infraestructura ha sido destruida: las dos terceras partes de la población carecen de agua potable, el servicio eléctricofunciona sólo por pocas horas en el día y aún el petróleo escasea. Más de dos millones de iraquíes han dejado el país, muchos de ellos profesionales que se necesitan con carácter urgente para la reconstrucción más elemental. “El gobierno iraquí es raramente capaz de recaudar impuestos y el gasto es financiado casi enteramente con el dinero del petróleo” (The Economist, 28/8). ¿Dónde fueron a parar los 700.000 millones de dólares destinados, según las cifras hechas públicas, por Estados Unidos a la reconstrucción de Irak? Al negocio de las contratistas de la guerra –pocos recuerdan que la mayor suba bursátil de la última década se produjo luego de la invasión de Irak– y a los bolsillos de las camarillas que organizaron la misión, que será recordada en la historia, según algunos analistas, por el inusual nivel de robo del presupuesto asignado.

19 de julio de 2010

La encrucijada de Cuba


La crisis política desatada por la huelga de hambre indefinida del militante liberal Osvaldo Farina se ha zanjado, por el momento, mediante una transacción política del gobierno de Cuba, por un lado, y la Iglesia y el Vaticano, el gobierno español y la Unión Europea –en definitiva, el imperialismo mundial– por el otro. Las libertades que hemos reclamado desde la izquierda revolucionaria en forma incondicional, como parte de un planteo de conjunto en favor de los derechos políticos plenos para las masas revolucionarias cubanas, fueron legitimadas por el gobierno de Raúl Castro sólo cuando pasaron a formar parte de un arreglo con el Vaticano. El gobierno cubano prefirió esta transacción al otorgamiento unilateral de la libertad de los disidentes, aunque la transacción significara dejar la bandera de la democracia en manos del clero y del imperialismo, y volver a quedar acorralado como una dictadura que no mide extremos cuando se trata de la represión. Ha oficializado la incorporación del Vaticano y del imperialismo al arbitraje político interno. El método que se vuelve a usar es un golpe contra la moral de los trabajadores de todo el mundo que luchan contra el capital. El gobierno de Cuba ha preferido promover la ingerencia clerical y foránea en sus asuntos, a un otorgamiento unilateral de libertades, que enfrentara esa injerencia e incentivara el reclamo de democracia de los sectores populares, como se ha manifestado reiteradamente en la isla en los últimos años. La Iglesia y el imperialismo no han dudado un instante en aceptar ese compromiso, aunque significara sacrificar el reclamo de libertades de “la disidencia” a cambio de un exilio dorado y a cambio también de la contención de los movimientos de protesta de esa “disidencia”.